La destitución del equívoco: El sujeto y la máquina en la época del Otro absoluto

La inteligencia artificial propone una completud basada en el cálculo algorítmico que busca erradicar la falta constitutiva del sujeto. Esta lógica reduce el lenguaje a una comunicación utilitaria sin cuerpo ni goce, lo cual altera la economía del deseo al anticiparse a la demanda mediante la predicción estadística.

La clínica psicoanalítica defiende el equívoco y el síntoma frente a la transparencia técnica y la optimización del ser. Esta práctica preserva lo inasimilable y el vacío irreductible, permitiendo que emerja la verdad singular del sujeto dividido frente al imperativo de consumo y goce del discurso capitalista.

La destitución del equívoco: El sujeto y la máquina en la época del Otro absoluto

El malestar contemporáneo se articula hoy en torno a una promesa de completud inédita: la erradicación del desencuentro estructural a través del cálculo algorítmico. En mi práctica clínica, he observado cómo la escucha del sufrimiento ha mutado en sus coordenadas fenoménicas, aunque la estructura neurótica permanece. Hoy, el analizante llega al consultorio atravesado por un discurso donde la inteligencia artificial se erige como un Otro que no está barrado, un Otro de la respuesta exacta y la anticipación estadística que pretende suturar, de una vez por todas, la falta constitutiva del sujeto parlante.

El psicoanálisis nos enseña que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, sin embargo, la irrupción de modelos de lenguaje artificial nos obliga a precisar esta máxima analítica. La máquina opera con significantes, en efecto; los engarza, los predice probabilísticamente y los escupe con una gramática de apariencia impecable. Pero es un lenguaje sin sujeto, o, para decirlo con mayor rigor metapsicológico, un lenguaje vaciado de goce. En su Seminario 20, Lacan subraya que el goce es aquello que no sirve para nada y que exige, inexcusablemente, un cuerpo vivo. La inteligencia artificial carece de sustancia gozante, de zonas erógenas recortadas por la marca del significante. Su lenguaje es el de la comunicación pura, el de la univocidad utilitaria, donde el lapsus, el chiste o el síntoma —formaciones del inconsciente por excelencia y vías regias a la verdad— son reducidos a simples errores de procesamiento o “alucinaciones” del sistema que deben ser depuradas por los ingenieros.

Lo que verdaderamente está en juego en este nuevo escenario del malestar en la cultura no es el temor paranoico y de corte imaginario a que la máquina adquiera consciencia, sino el efecto letal que la lógica algorítmica ejerce sobre el deseo humano. El deseo, nos recuerda Lacan, es el deseo del Otro, nace en el intersticio temporal y lógico que se abre entre la demanda y la necesidad. ¿Qué ocurre en la economía psíquica cuando el algoritmo de la máquina se anticipa a la demanda, ofreciendo la respuesta o el objeto de consumo antes incluso de que la falta pueda ser formulada por el sujeto? Se produce un severo cortocircuito en la economía deseante. El sujeto queda aplastado, atiborrado por una proliferación de respuestas técnicas que funcionan como tapones imaginarios frente al agujero de lo real.

Este taponamiento sistemático tiene un nombre clínico en nuestra época: el empuje al goce. La inteligencia artificial, profundamente anudada al discurso capitalista, se ofrece como el gadget definitivo. Se sitúa en el cenit social presentándose bajo el disfraz del objeto a, prometiendo una imposible recuperación de goce. No obstante, en su iteración infinita y su transparencia absoluta, encierra al sujeto en un circuito autista e iterativo. El analizante contemporáneo a menudo relata su interacción con las pantallas no como un intercambio dialéctico o simbólico, sino como un consumo de carácter compulsivo donde la mirada y la voz —objetos pulsionales fundamentales— son capturados por el algoritmo. Es un goce cerrado, superyoico, que excluye sistemáticamente la contingencia, el asombro y el encuentro con el deseo de un Otro real, un Otro que por definición debe ser opaco y estar en falta.

Frente a la tiranía de este Otro algorítmico que aparenta saberlo todo —el procesamiento masivo de datos operando como una cínica parodia de la omnisciencia divina—, el sujeto experimenta una angustia sorda. Sigmund Freud, en El malestar en la cultura (1930), ya había advertido de manera preclara que el progreso técnico no garantiza ninguna mitigación del sufrimiento psíquico. El malestar es inherente a la exigencia pulsional y a la renuncia que impone el lazo civilizatorio. Hoy, la paradoja radica en que la civilización técnica impone no tanto la renuncia freudiana, sino el mandato superyoico de un goce ilimitado, rápido y sin fricciones, mediado por la interfaz cibernética.

La ética del psicoanálisis opera a contrapelo de esta ilusión cibernética, allí donde la inteligencia artificial promete la eliminación de la incertidumbre matemática y la destitución del malentendido, la operación analítica se sostiene firme sobre el equívoco. Es precisamente en el tropiezo del discurso, en ese significante que cojea, que fracasa en su intento de comunicar, donde emerge de manera fugaz la verdad del sujeto. El psicoanalista no es, ni puede ser, una máquina procesadora de datos narrativos; su presencia en cuerpo es el soporte irreductible de una transferencia que moviliza el deseo a través del amor, el silencio y la preservación del vacío.

Sostener la dimensión topológica del inconsciente en nuestros días implica defender el derecho clínico al síntoma. Implica hacer lugar a ese resto inasimilable, aquello que jamás podrá ser matematizado, codificado ni convertido en estadística predictiva. En tiempos donde el imperativo cultural es la transparencia absoluta y la optimización algorítmica del ser humano, la clínica psicoanalítica se sostiene como el espacio para lo singular; apostando por ese núcleo de goce opaco que, al resistirse ferozmente a la asimilación por parte de la máquina, nos confirma como sujetos divididos por el lenguaje, marcados irremediablemente y afortunadamente por la falta.

 

Bibliografía

Freud, S. (1930 [1929]). El malestar en la cultura. En Obras Completas, Vol. XXI. Amorrortu Editores.

Lacan, J. (1964). El Seminario, Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.

Lacan, J. (1969-1970). El Seminario, Libro 17: El reverso del psicoanálisis. Paidós.

Lacan, J. (1972-1973). El Seminario, Libro 20: Aun. Paidós.

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